Divagaciones del Vicepresidente


Divagaciones del Vicepresidente
Manfredo Kempff Suárez*

En declaraciones a un importante matutino cruceño, el vicepresidente de la República, Álvaro García Linera, se refirió a lo inevitable en estos tiempos de zozobra: al 4 de mayo. Dijo lo que ya muchos escuchamos respecto de los resultados del referéndum, su legalidad y el futuro de un oriente boliviano autonómico. Él, en su posición oficialista, hizo las críticas de siempre, que ya nos llegan hasta la coronilla. El periodista, seguramente que también cabreado de tanta cháchara anti-autonomista, le cambió el libreto: “¿La lucha de clases será más intensa luego del 4 de mayo?”.

El Vice se lanzó afirmando que, efectivamente, después del referéndum (sea cual sea el resultado) la élite cruceña se verá en apuros porque se crispará toda la estructura regional, con nuevos mecanismos de resolución de controversias con la inversión extranjera —legislación interna por encima de la Suprema— y el escamoteo final de las tierras ignorando al INRA, provocando tensiones con los indígenas. Y dijo que Santa Cruz, con todos sus ofrecimientos, no contaría con recursos para cumplir con los ofrecimientos que ha hecho.

“La clase obrera y el oficinista les van a cobrar cuentas”, afirmó. Y dijo entonces que los cruceños no van a conseguir recursos para mantenerse. Afirmó que la lucha de clases está llegando a Santa Cruz. ¡100 años después! Todo esto que ha dicho el Vice apesta a viejo, a caduco. ¿Dónde está la clase obrera, por ejemplo? Algo habrá en Madrid o en Buenos Aires, pero ¿clase obrera en Santa Cruz? ¿Dónde? Agricultores, ganaderos, comerciantes, industriales, empleados de servicios, eso todavía queda. Pero, ¿y proletarios? Porque entendemos que un marxista, cuando habla de lucha de clases, se referirá a la lucha del proletariado contra los burgueses.

Eso no hay en Santa Cruz y ni siquiera en Bolivia. En Bolivia hubo una clase trabajadora, un proletariado minero y fabril, más o menos importante, que acabó hace dos décadas. Pero ¿y ahora? Ahora, claro, quedan los oficinistas. Pero eso no es proletariado. Son empleados del Estado o de las empresas privadas. No están ni siquiera organizados en sindicatos. Causa risa hacer un paralelo entre proletarios y oficinistas.

Se preocupa el Vice de dónde van a conseguir recursos los cruceños para las demandas de los proletarios y seguramente de los oficinistas. Él lo sabrá mejor que nosotros. Sabrá, por ejemplo, que Santa Cruz es el primer recaudador de impuestos en el país. Y que si figura en segundo lugar es porque el 75 por ciento de los tributos se queda en La Paz, donde tributan todas las empresas nacionales. El Gobierno, más bien, debería fortalecerse cobrándoles impuestos a los cocaleros. Ése el estamento privilegiado que gana lo que quiere, con trampas, crimen y suciedad, y que no aporta con un centavo al Estado. Ahí hay que ajustar el torniquete.

*Manfredo Kempff S.
es escritor y diplomático.

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